Ningún ser humano es ilegal ni se define por su relación a un estado. Más aún, la Constitución de los EE.UU. nunca delegó al gobierno federal el poder de restringir la inmigración. Se otorgaron ciertos poderes enumerados al gobierno federal y restringir la inmigración no era uno de ellos. La Décima Enmienda también estipula claramente: “Los poderes no delegados a los Estados Unidos por la Constitución, ni prohibidos por los estados, están reservados a los estados, respectivamente, o al pueblo”.