Junto con Hugo Chávez, Nicolas Maduro ha logrado darnos visión y claridad:
El estado es un cascarón corrupto y podrido que solo esconde una mafia criminal usando los símbolos y uniformes para crear la ilusión de legitimidad. Y al perder control de la información que el mismo intentó corromper, se escondió detrás del telón de ramas el estado que similarmente se esconden detrás de banderas, escudos y uniformes.
Veamos que el emperador está realmente desnudo y detrás de toda presentación solo hay humo y linternas pero nada real. Es todo una pantalla y una proyección del poder.
El verdadero poder está en el Cartel de los Soles y los carteles de la droga.
Ahí hay una lección para todos: todos los estados son lo mismo, solo que convencen mejor con sus espectáculos como vimos anoche en la convención que coronó a Kamala Harris muy similar a la que un mes antes coronó a Donald Trump. Todo pantalla y espectáculo pero nada de sustancia.
Gustavo Petro y Luis Inazio Lula da Silva están nerviosos porque saben que lo de ellos también es pantalla. Solo que Nicolás Maduro es demasiado obvio y eso no les conviene.