Desempeño pasado: Alemania fue durante décadas la economía más robusta de Europa, gracias a su modelo de industria exportadora, innovación, y disciplina fiscal.
Dinero fácil: La política monetaria expansiva del Banco Central Europeo (BCE), con tasas de interés extremadamente bajas y estímulos masivos, creó distorsiones económicas.
Empresas zombis: Sobrevivencia de empresas ineficientes gracias al crédito barato.
Mala asignación de recursos: Inversión en proyectos no rentables.
Desindustrialización progresiva: La dependencia de energía barata y la transición abrupta hacia una "economía verde" debilitó su sector industrial, pilar central de su economía.
El impacto de la “economía verde” socializada.
Transición energética mal planificada: Alemania decidió cerrar sus plantas nucleares, reemplazándolas con fuentes renovables poco confiables (solar y eólica).
Esto aumentó la dependencia de gas natural importado, especialmente de Rusia, lo que resultó desastroso tras la crisis energética europea.
Subvenciones excesivas: Grandes sumas de dinero fueron destinadas a subsidios verdes que no generaron el retorno esperado.
Costos energéticos altos: Las familias y empresas alemanas enfrentan una de las energías más caras de Europa, reduciendo la competitividad industrial.