El análisis aborda un fenómeno recurrente en el mundo occidental: el progresivo debilitamiento de las democracias liberales provocado por la inacción, complacencia o decisiones equivocadas de los propios ciudadanos. En lugar de proteger los principios fundamentales que sustentan estas democracias, muchas personas, ya sea por ignorancia, negligencia o conveniencia, han permitido que fuerzas liberticidas erosionen las instituciones y las libertades esenciales.
El rol de los ciudadanos en la defensa de la democracia.
La responsabilidad de mantener y defender las democracias liberales recae enteramente en los ciudadanos. Alexis de Tocqueville advertía que los principios deben ser prioritarios frente a cualquier otro factor, pues ceder ante argumentos aparentemente bienintencionados puede abrir la puerta a restricciones crecientes sobre la libertad. Este proceso es insidioso: comienza con pequeñas concesiones que parecen razonables, pero que, al acumularse, erosionan progresivamente los derechos fundamentales y las bases institucionales de la democracia.
El riesgo de priorizar beneficios económicos sobre principios democráticos. El caso de Venezuela, mencionado como ejemplo, ilustra cómo la búsqueda de bienestar económico a corto plazo y la aceptación de liderazgos carismáticos, como el de Hugo Chávez, llevaron a un deterioro institucional profundo. Los ciudadanos, al priorizar subsidios, beneficios y halagos del gobierno sobre la protección de las libertades individuales y la calidad institucional, crearon las condiciones para el colapso de su democracia liberal. Este resultado no fue un accidente ni un evento fortuito, sino una consecuencia directa de decisiones colectivas sostenidas en el tiempo.
El mecanismo de suicidio democrático.
El "suicidio democrático" ocurre cuando la sociedad, por acción u omisión, permite que los líderes concentren poder y desmantelen las garantías institucionales. Este proceso, lejos de ser una imposición externa, es una autotraición alimentada por el desinterés ciudadano, la falta de vigilancia y el olvido de los principios que hacen posible la libertad. Cuando los ciudadanos dejan de cuestionar las políticas liberticidas y se acomodan a los beneficios inmediatos, se establece un ciclo de pérdida progresiva de derechos y de control sobre el sistema democrático.
La democracia liberal es un sistema frágil que requiere una defensa activa y constante. Ignorar esta responsabilidad conduce a su autodestrucción, un fenómeno que no es producto de fuerzas externas ni accidentes, sino de las decisiones conscientes y acumulativas de los propios ciudadanos. Solo la vigilancia, el compromiso con los principios y la resistencia a las propuestas liberticidas, aunque estén revestidas de buenas intenciones, pueden evitar este desenlace trágico.