Lean, Six Sigma, TOC, Critical Chain, optimización de procesos y validación de procesos no son desafíos técnicos. Las metodologías funcionan. Pueden aplicarse sin problemas, solas o en combinación, en cualquier escala, desde startups hasta corporaciones multinacionales. El verdadero desafío es la cultura.
Las organizaciones no fracasan en la mejora porque las herramientas sean defectuosas. Fracasan porque la gente se resiste al cambio. No siempre de manera abierta, no siempre con palabras, sino a través de creencias arraigadas, mitos y políticas obsoletas a las que se aferran. Crean sus propias limitaciones, sus propios obstáculos, y lucharán contra mejores formas de trabajar, incluso cuando la evidencia sea innegable.
La presión regulatoria no garantiza el cambio. Cartas de advertencia, observaciones de auditoría, incluso decretos de consentimiento… deberían ser llamadas de atención. Pero para quienes no quieren cambiar, se convierten en distracciones, algo para desviar la atención, algo a lo que culpar en lugar de ver los problemas internos.
¿La verdad incómoda? El cambio debe venir desde dentro. No solo dentro de la organización, sino dentro de las personas que moldean su cultura. Las herramientas están listas cuando ellas lo estén.