Ser verdaderamente adverso al riesgo significa evitar la innovación, no descubrir las duras realidades que pueden descarrilar un proyecto. Un proceso sólido no se trata de suprimir la creatividad, sino de revelar las trampas ocultas antes de que exploten.
La gestión de riesgos no debe limitarse al diseño del producto y la fabricación; debe integrarse en todo el Sistema de Gestión de Calidad (QMS). Quienes evitan los AMEF y los DOE no están mitigando el riesgo, sino ignorándolo.
El verdadero arte de asumir riesgos radica en el pensamiento crítico estructurado, la exploración contraintuitiva y en enfrentar las preguntas difíciles. El progreso viene de quienes desafían las suposiciones, no de quienes esconden la cabeza en la arena.