Germán Bernácer presenta una visión del ahorro que se aparta de la concepción clásica de la acumulación de capital como un acto puramente individual y voluntario. En su planteamiento, el ahorro es una necesidad inherente al proceso productivo, no solo un resultado del consumo diferido. Desde esta perspectiva, el interés no debería desempeñar un papel central en la asignación de recursos, pues la acumulación de capital solo es económicamente significativa cuando se canaliza hacia inversiones productivas.
Este enfoque encuentra paralelismos con la teoría del ciclo económico de Keynes, quien argumentaba que el ahorro no siempre se traduce en inversión efectiva, lo que puede generar insuficiencia en la demanda agregada y desempleo involuntario. Sin embargo, Bernácer va más allá al afirmar que el ahorro debe ser una práctica constante, incluso sin una remuneración explícita, debido a su papel estructural en la economía. En este sentido, su planteamiento resuena con la noción de "preferencia por la liquidez" de John Maynard Keynes y con la teoría del "capital ocioso" de FriedrichHayek, quien advertía sobre las distorsiones en la inversión causadas por una manipulación artificial de los tipos de interés.
Germán Bernácer se refuerza con su afirmación de que "postulando la libertad plena de producir, el ahorro deja de ser un sacrificio, al ser un comportamiento social corriente". Esta visión se alinea con la escuela austriaca, que enfatiza la importancia de la producción en la generación de riqueza y el rol del ahorro como catalizador de la inversión real. Ludwig von Mises sostenía que el ahorro no es un fin en sí mismo, sino un medio para la acumulación de bienes de capital que permiten aumentar la productividad y el crecimiento económico.
El planteamiento de Germán Bernácer subraya la interdependencia entre el ahorro, la inversión y la producción, cuestionando la concepción del interés como incentivo necesario para el ahorro. Su enfoque destaca la relevancia de un marco de producción libre y dinámico, donde el ahorro fluya naturalmente hacia usos productivos, asegurando así un crecimiento económico sostenido. Como decía Joseph Alois Schumpeter, “la esencia del capitalismo es la creación destructiva”, donde el ahorro bien canalizado permite la renovación y expansión de la estructura productiva.