El liberalismo clásico y el libertarismo han abordado el tema de la ciudadanía y la inmigración desde distintos enfoques, pero siempre con el principio central de la libertad individual.
Basado en el argumento de que el Estado, aunque mínimo, debe proteger la cultura de la libertad y evitar que los inmigrantes con valores colectivistas o estatistas erosionen las instituciones que garantizan la propiedad privada y el libre mercado.
Autores como Hans-Hermann Hoppe han defendido que un orden de propiedad privada podría implicar restricciones a la inmigración en función de la voluntad de los propietarios. Hoppe argumenta que una "democracia abierta" puede ser peligrosa si se permite la llegada masiva de personas que favorecen políticas redistributivas.
Ciudadanía y fronteras abiertas.
Basado en la idea de que la libre movilidad es un derecho humano y que restringir la inmigración es una forma de coerción incompatible con el libertarismo.
Autores como Bryan Caplan sostienen que la inmigración beneficia tanto a los migrantes como a los países receptores y que los efectos económicos positivos superan los riesgos políticos.
Enfoque libertario, la respuesta a la concesión de ciudadanía a inmigrantes depende de qué principio se priorice:
Si se prioriza la autodeterminación de las comunidades y la estabilidad institucional, se justificarían restricciones en la concesión de ciudadanía.
Si se prioriza la libre movilidad como un derecho fundamental, la ciudadanía debería otorgarse de forma más amplia y accesible.
Una posible solución libertaria para equilibrar la libre movilidad con la preservación de valores que fomenten la prosperidad es una educación previa a la migración, basada en principios de respeto a la libertad individual, propiedad privada y responsabilidad personal.
En lugar de imponer restricciones arbitrarias o cerrar fronteras, se podría implementar un sistema de educación voluntaria o certificación que ayude a los migrantes a adaptarse mejor al país de destino, promoviendo valores como:
El respeto a la libertad individual y la propiedad privada. La cultura del trabajo, la autosuficiencia y la innovación. El rechazo al estatismo y las políticas redistributivas que erosionan la prosperidad.
Este modelo no impone barreras coercitivas, sino que ofrece incentivos para que los migrantes se eduquen en las reglas de juego del país receptor.
En lugar de optar por una postura exclusivamente restrictiva o expansionista, una solución libertaria efectiva sería una educación previa a la migración, asegurando que los nuevos ciudadanos compartan valores que promuevan la prosperidad, sin necesidad de intervención estatal coercitiva.