Zelensky está en una posición mucho más fuerte de lo que muchos creen. Su verdadera fuerza no reside en la maquinaria burocrática del Estado, sino en la innovación, la resiliencia y el espíritu de libertad del pueblo ucraniano. Si acepta esto, puede pasar del modo de supervivencia a dar forma al futuro de Ucrania como un modelo de poder descentralizado e ingenio.
Mientras tanto, Trump está arrastrando a Estados Unidos por el camino del fracaso autoritario, aprendiendo de la Escuela de Administración Vladimir Putin y de la Escuela de Economía Kim Jong-Un. ¿El resultado? Un desastre total y colosal, donde la mala gestión económica y la decadencia institucional se convierten en la norma.
Zelensky todavía tiene la oportunidad de surgir como el verdadero agente del cambio, pero debe corregir el rumbo de inmediato. El ingenio ucraniano ha transformado el campo de batalla y ha sentado un precedente para el mundo. El auge de la guerra con drones, financiada directamente por el pueblo, demuestra que la tecnología y la descentralización son los grandes ecualizadores, que eliminan a los intermediarios gubernamentales corruptos y empoderan a quienes luchan por la libertad.
La fuerza de Ucrania reside en su gente. Si sus dirigentes asumen plenamente esa realidad, el futuro de la nación será imparable.