Lysander Spooner, jurista y filósofo anarquista del siglo XIX, criticó ferozmente la noción de que los individuos deben renunciar a ciertos derechos para que el gobierno proteja otros. En su pensamiento, este argumento es legal y políticamente absurdo, pues implica una cesión forzada de libertad bajo la premisa de protección estatal. Esta idea resuena profundamente en la tradición de la Escuela Austriaca y en otras corrientes libertarias y escépticas del poder estatal.
La Escuela Austriaca y la Crítica al Poder Coercitivo del Estado. Desde la perspectiva austriaca, Ludwig von Mises sostuvo que "El Estado no es un productor; solo toma y redistribuye" (Human Action, 1949). Esta afirmación refuerza la tesis de Spooner, pues si el Estado no crea riqueza ni derechos, su justificación para exigir concesiones individuales en favor de una supuesta protección se desmorona.
Friedrich Hayek, en Camino de servidumbre (1944), advirtió sobre la tendencia de los gobiernos a justificar su intervención mediante la supuesta necesidad de equilibrio entre seguridad y libertad. Para él, "la seguridad completa es incompatible con la libertad" porque la planificación central tiende a restringir la autonomía individual.
Murray Rothbard fue aún más radical, rechazando de plano cualquier pacto de renuncia a derechos en favor del gobierno. En El Estado: Un enemigo de la libertad (1973), escribió: "El Estado no es más que una banda de ladrones en gran escala." Para Rothbard, la idea de un contrato social obligatorio es ilegítima, pues ningún individuo nace firmando tal pacto.
Críticas desde Fuera de la Escuela Austriaca. Thomas Paine, un precursor del liberalismo clásico, afirmó en Common Sense (1776): "Un gobierno, incluso en su mejor estado, es un mal necesario; en su peor estado, es un mal intolerable." Esta postura sugiere que la imposición de renuncias de derechos no es una característica deseable del Estado, sino un mal que se soporta con resignación.
Robert Nozick, en Anarquía, Estado y utopía (1974), argumentó que un Estado mínimo puede ser legítimo solo si respeta los derechos fundamentales de los individuos sin obligarlos a sacrificar otros. Según él, "los individuos tienen derechos y hay cosas que ninguna persona o grupo puede hacerles sin violar esos derechos."
John Locke, en Segundo tratado sobre el gobierno civil (1689), habló de un contrato social basado en el consentimiento, pero incluso él sostenía que "donde no hay ley, no hay libertad." Esto sugiere que el gobierno debe proteger, no imponer concesiones unilaterales.
Lysander Spooner, desafía una de las premisas fundamentales del poder gubernamental: que la seguridad y la justicia requieren sacrificios personales impuestos. Como demuestran los pensadores mencionados, tanto desde la Escuela Austriaca como desde el liberalismo clásico y libertarismo contemporáneo, esta idea es un artificio del Estado para justificar su expansión. La verdadera protección de los derechos no radica en su fragmentación ni en su cesión parcial, sino en su respeto absoluto.