«El voto aplaude lo que ignora: cómo el clima de opinión vuelve rentable, lo políticamente irracional»

En tiempos de crisis económica o social, suele decirse que "la gente vota con el estómago", pero rara vez se analiza a fondo cómo los climas de opinión pueden convertir en políticamente rentables decisiones que, en términos técnicos o morales, son equivocadas. Esta paradoja —la de qué personas con ideas equivocadas terminan haciendo lo correcto por presión o conveniencia— ha sido objeto de reflexión por distintos economistas, tanto de la escuela austriaca como de otras corrientes.

Este fenómeno ocurre cuando los incentivos creados por el ambiente social, mediático o electoral no recompensan el conocimiento económico, sino la habilidad de complacer a las emociones del electorado, aunque sea a través de discursos contradictorios o medidas populistas.

¿Qué es el clima de opinión política?

El "clima de opinión" es el conjunto de percepciones, emociones y creencias predominantes en una sociedad respecto a temas políticos y económicos. Se moldea por medios de comunicación, redes sociales, líderes de opinión, grupos de interés y dinámicas electorales. Cuando ese clima se vuelve tóxico —es decir, dominado por emociones como el miedo, la envidia o el resentimiento—, se vuelve rentable para los políticos hacer promesas insostenibles o actuar en contra del conocimiento técnico, aunque el resultado sea perjudicial.


El mercado político y la ignorancia racional.

El economista Bryan Caplan habla de la "ignorancia racional del votante" en su libro "The Myth of the Rational Voter". Según Caplan, los votantes tienen pocos incentivos para educarse económicamente porque su voto individual tiene un impacto marginal. Esto crea un electorado emocional, susceptible a simplificaciones y a narrativas erróneas, lo cual distorsiona la competencia política: se premia al candidato que dice lo que la gente quiere oír, no al que tiene razón.

Como ejemplo, muchas personas rechazan el libre comercio porque creen que “destruye empleos locales”, sin considerar los beneficios para los consumidores ni la creación de empleos en otras industrias. Esta emoción anti-globalización puede hacer que incluso gobiernos de orientación liberal recurran a políticas proteccionistas para complacer al electorado.

La paradoja: cuando los equivocados hacen lo correcto.

En ocasiones, un político sin convicción liberal puede verse obligado a hacer reformas correctas debido a presiones externas (mercados, organismos internacionales, colapso fiscal, etc.), mientras que otros, con principios correctos, ceden ante el clima de opinión.

Ejemplo:
Menem en Argentina: A pesar de su retórica populista inicial, aplicó reformas pro-mercado en los años 90 bajo la presión del colapso económico.
Como diría Milton Friedman, "Only a crisis—actual or perceived—produces real change."

España 2011–2014 (Rajoy): Asumió con discurso conservador, pero aplicó aumentos de impuestos y políticas de rescate bancario impopulares por exigencia europea. No era su intención, pero el clima internacional obligó a adoptar ciertas medidas técnicas.

Escuela Austriaca.

Ludwig von Mises.
Mises sostenía que el intervencionismo parcial genera nuevas distorsiones que exigen más intervenciones. En “Burocracia”, advierte que el político no busca la verdad sino la popularidad:

"El problema no es la maldad de los políticos, sino el sistema que recompensa la ignorancia y el corto plazo.”

Friedrich Hayek.

En “El camino de servidumbre”, Hayek explica cómo las democracias pueden ser arrastradas hacia el autoritarismo si el clima de opinión abandona la razón y cede al miedo colectivo.

“Lo que hace peligrosa a la democracia no es su estructura, sino su vulnerabilidad al sentimentalismo de masas.”

Economistas no austriacos.

Thomas Sowell (escuela de Chicago)
Sowell describe el fenómeno como parte de lo que llama “la visión trágica” del mundo, donde los incentivos no siempre premian la virtud o el conocimiento:

“Es mucho más fácil hacer que la gente crea que está siendo robada, que convencerla de que la prosperidad viene de la libertad.”

James Buchanan (public choice)
Buchanan explicó que los políticos actúan según incentivos, no ideales. Si el electorado está desinformado o tiene preferencias erróneas, el sistema se adapta para complacerlo.

¿Cómo romper esta lógica?.

Educación económica: Sin una ciudadanía informada, no hay presión racional sobre los líderes.
Instituciones fuertes: Que limiten el poder de los políticos incluso cuando el clima de opinión es irracional.
Discursos valientes: Líderes con principios deben asumir el costo político de decir verdades incómodas.

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