El multiplicador del gasto.

Una de las mayores estafas intelectuales del discurso económico moderno. 

Pocas ideas han gozado de tanta difusión y tan poca justificación lógica como el llamado multiplicador del gasto público. Según esta noción, por cada unidad monetaria que gasta el gobierno, se genera un incremento mayor en el producto nacional. La promesa suena irresistible: el Estado puede estimular mágicamente la economía, simplemente gastando más, incluso endeudándose. ¿Quién no querría una fórmula tan sencilla para crear prosperidad?

El truco del mago keynesiano.

La metáfora del “multiplicador” surgió en el marco de la teoría keynesiana para justificar el intervencionismo estatal como motor de crecimiento en épocas de crisis. John Maynard Keynes, con su obra The General Theory of Employment, Interest and Money, promovió la idea de que la demanda agregada podía y debía ser “activada” por el gasto público.

El gasto público no crea riqueza por sí mismo: reorganiza los recursos existentes según criterios políticos, no económicos. El capital destinado a gasto estatal es capital que no va al ahorro ni a la inversión productiva, debilitando las bases del crecimiento sostenido.

La Escuela Austríaca.
Desnudando el mito.


Los economistas austríacos han denunciado el mito del multiplicador desde sus raíces. Para Ludwig von Mises, la intervención estatal en la economía conduce inevitablemente a distorsiones, asignaciones ineficientes y burbujas.

Esta cita nos recuerda que cada dólar que el Estado inyecta en la economía proviene del bolsillo de alguien más: vía impuestos, deuda o emisión monetaria. No hay multiplicador, hay redistribución forzada.

La falacia del vidrio roto.

Frédéric Bastiat, aunque anterior a los austríacos y no clasificado como tal, desnudó en su parábola del cristal roto la lógica perversa detrás de estas ideas. Romper una ventana y pagar por repararla no genera riqueza: simplemente obliga a redirigir recursos hacia algo que ya existía, en vez de permitir su uso para nuevas creaciones.

Un espejismo para justificar el poder

El multiplicador del gasto no es una herramienta técnica; es un instrumento ideológico. Sirve para justificar el crecimiento del Estado, el aumento de impuestos, el endeudamiento público y la manipulación monetaria. Es un mito útil para políticos y burócratas, pero perjudicial para ciudadanos y empresarios.

Desmontando la estafa.

El multiplicador del gasto ha sido una estafa intelectual repetida por décadas, incrustada en libros de texto y discursos públicos. Pero no resiste el más mínimo análisis económico serio. Es hora de reemplazarlo por ideas basadas en libertad, responsabilidad individual y respeto por el mercado.

Solución estilo austriaco en la siguiente publicación. 👉

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