El error de juzgar por intenciones en lugar de resultados.

En el terreno de las políticas públicas y los programas gubernamentales, uno de los errores más persistentes es asumir que la buena intención de una medida basta para considerarla moralmente legítima o económicamente útil. Sin embargo, la historia económica y la experiencia empírica nos demuestran una y otra vez que las consecuencias no deseadas —y muchas veces catastróficas— son el resultado más frecuente de políticas diseñadas desde el idealismo y no desde el análisis realista. 

Friedrich Hayek y el conocimiento disperso.

Friedrich Hayek advierte que los planificadores centrales tienden a sobrestimar su capacidad para diseñar sistemas sociales o económicos eficaces. Él sostiene que los resultados deben evaluarse con base en el conocimiento real del mercado, no en las narrativas morales del Estado.

Solución: Instituir mecanismos de evaluación continua con base en resultados reales, no en informes burocráticos. Promover la descentralización como vía para permitir que las soluciones locales emerjan espontáneamente.

Thomas Sowell: “Resultados, no intenciones”

Thomas Sowell critica las políticas sociales y económicas que, aunque bienintencionadas, perpetúan la dependencia, destruyen incentivos y reducen la movilidad social. Pone como ejemplo programas de asistencia que aumentan el desempleo estructural.

Solución: Evaluar cada programa con métricas claras (indicadores de pobreza, empleo, etc.) y eliminar aquellos que perpetúan el problema que dicen combatir.

Ludwig von Mises y las consecuencias lógicas.

Ludwig von Mises es tajante al señalar que el economista debe funcionar como un analista de consecuencias lógicas, no como un juez de intenciones morales. Para él, toda política debe someterse al análisis causal.

Solución: Aplicar el método praxeológico para prever consecuencias no deseadas. En políticas económicas, esto implica usar modelos basados en incentivos y no en deseos políticos.

Milton Friedman y los incentivos.

Milton Friedman fue contundente: los subsidios, las regulaciones y la expansión del Estado muchas veces operan en contra de sus objetivos declarados porque alteran los incentivos fundamentales.

Solución: Diseñar políticas sobre la base de incentivos alineados con los objetivos (por ejemplo, ofrecer deducciones fiscales para contratar en lugar de subsidios al desempleo).

El principio de subsidiariedad y localismo (Ostrom y Merbilhaa)

Ambas autoras coinciden en que cuando se permiten soluciones locales y se fortalece la responsabilidad comunitaria, se genera un sistema más sensible a los resultados concretos y menos vulnerable al discurso político generalizador.

Solución: Fomentar proyectos locales con financiamiento transparente, medición comunitaria de impacto, y rendición de cuentas descentralizada.

En economía política, el énfasis en las intenciones suele llevar al autoengaño moral y al fracaso práctico. Solo evaluando consecuencias reales, métricas objetivas e incentivos bien alineados, se puede diseñar una sociedad más libre, próspera y responsable.

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