Análisis histórico del denario romano y comparación con la decadencia del dólar actual desde una perspectiva austriaca.

El denario: auge y destrucción de una moneda estable. 

Durante los primeros siglos de la República y el Imperio Romano, el denario fue símbolo de solidez monetaria. Introducido en el año 211 a.C., contenía inicialmente alrededor de 4.5 gramos de plata pura y mantuvo su poder adquisitivo durante más de dos siglos. Esta estabilidad fue clave para el florecimiento del comercio, la expansión imperial y el desarrollo urbano.

Hacia finales del siglo II d.C., Roma comenzó a enfrentar presiones fiscales crecientes: campañas militares prolongadas, mantenimiento de fronteras, y sobre todo, el crecimiento de políticas de “pan y circo”, destinadas a controlar políticamente a una población cada vez más dependiente del Estado.

Para financiar este gasto desbordado sin subir impuestos directamente (lo cual generaba conflictos), los emperadores recurrieron a una estrategia peligrosa: la degradación de la moneda. Comenzaron a reducir el contenido metálico del denario, reemplazando la plata por metales de menor valor y acuñando más unidades sin respaldo real.

Para el siglo III, bajo el reinado de emperadores como Caracalla o Diocleciano, el denario había perdido más del 90% de su contenido original en plata. Esto provocó:

Pérdida generalizada de confianza en la moneda.
Hiperinflación, especialmente en los mercados locales.
Distorsión en los precios relativos, afectando al comercio.

El surgimiento de formas alternativas de intercambio, como el trueque o el uso de monedas extranjeras.

Como bien explicó Ludwig von Mises en La teoría del dinero y del crédito, “el dinero debe su valor al poder adquisitivo que se espera que mantenga”. Cuando los actores del mercado pierden esa expectativa, se rompe la función del dinero como medio de intercambio.

El dólar y su progresiva pérdida de valor.
La trayectoria del dólar estadounidense presenta un patrón preocupantemente similar. Desde su desvinculación definitiva del patrón oro en 1971 bajo Nixon, el dólar ha sido una moneda fiduciaria, es decir, sin respaldo tangible más allá de la “confianza en el gobierno”.

Según datos de la Reserva Federal, el poder adquisitivo del dólar ha caído más de 85% desde 1971, con un aumento exponencial de la base monetaria, especialmente tras:

La crisis financiera del 2008 (medidas de “Quantitative Easing”).
El masivo gasto fiscal durante la pandemia de COVID-19 (2020-2021).
Déficits gemelos estructurales (comerciales y fiscales).

Generando:
Inflación persistente desde 2021.
Deuda pública récord que supera los $34 billones.
Pérdida progresiva de confianza internacional (acuerdos entre países para comerciar en monedas alternativas como yuanes o rublos).

El economista Murray Rothbard, en El caso contra el banco central, señala que “la expansión fiduciaria del dinero no es neutral: crea ciclos de auge y caída, distorsiona la estructura productiva y destruye el ahorro genuino”.
Comparación Roma – EE.UU.: paralelismos
FactorRoma (siglo II-III d.C.)EE.UU. (siglo XX-XXI)
Moneda originalDenario de plata
Dólar vinculado al oro
Punto de quiebreReducción de la plata por cobre (inflación)Fin del patrón oro en 1971
Gasto estatal excesivoPan, circo, ejércitoGasto social, militar y subsidios masivos
Política monetariaDevaluación directaEmisión descontrolada por bancos centrales
ResultadoColapso económico y confianza monetariaInflación, pérdida de poder adquisitivo, deuda

Eliminación del monopolio estatal del dinero.
Friedrich Hayek, en La desnacionalización del dinero, propuso la libre competencia de monedas: que los ciudadanos puedan elegir medios de intercambio estables ofrecidos por bancos o instituciones privadas.

Restaurar un patrón monetario sólido (oro o equivalente).
Jesús Huerta de Soto, en Dinero, crédito bancario y ciclos económicos, sostiene que solo el dinero mercancía con respaldo real (oro o criptomonedas con respaldo tangible) garantiza la estabilidad monetaria.

Fin de la banca central con capacidad de emisión arbitraria.
Ludwig von Mises y Rothbard coinciden en que la reserva fraccionaria y los bancos centrales son los motores de la inflación y la distorsión económica.

Responsabilidad fiscal y disciplina presupuestaria.
Al igual que Roma debió haber limitado su gasto imperial, las economías modernas deben volver a equilibrios fiscales genuinos, sin imprimir dinero para financiar déficits.

Educación económica de los ciudadanos.
Como señala Carl Menger, fundador de la Escuela Austríaca, “el origen del dinero no fue el Estado, sino el mercado”. La educación permite que la gente defienda su libertad económica frente a la manipulación monetaria.

La historia del denario romano nos advierte que el abuso del poder monetario destruye imperios, no solo monedas. El caso del dólar actual no es una excepción, sino una repetición con nuevos actores.

Recuperar la estabilidad requiere más mercado y menos intervención, más disciplina y menos populismo, más educación y menos fe ciega en las promesas estatales.

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