Visión de la Escuela Austríaca. Autores como Ludwig von Mises, Friedrich Hayek y Murray Rothbard han advertido con claridad sobre los peligros de un Estado que expande su intervención económica a través del gasto, la deuda y la manipulación monetaria.
Ludwig von Mises y la ilusión del gasto estatal: En La acción humana, Mises enfatiza que el Estado no puede crear riqueza; solo puede redistribuirla. El aumento permanente del gasto público sin respaldo en ahorro real ni productividad lleva a un consumo forzado de capital, empobreciendo a la sociedad a largo plazo.
Friedrich Hayek y el conocimiento disperso: En El uso del conocimiento en la sociedad, Hayek critica la pretensión de los planificadores centrales de poder manejar una economía compleja. El maquillaje de cifras fiscales y la negación del déficit responden a esta arrogancia tecnocrática. El resultado es una economía descoordinada e insostenible.
Murray Rothbardy la expansión monetaria: En La anatomía del Estado, Rothbard denuncia cómo el gobierno utiliza la inflación como herramienta de financiamiento encubierto. La emisión monetaria para cubrir déficits fiscales destruye el poder adquisitivo y viola los principios éticos de la propiedad privada.
John Maynard Keynes o Thomas Piketty tienen una visión diferente del rol del Estado:
Keynes y el estímulo fiscal: En Teoría general del empleo, el interés y el dinero, Keynes propone que en tiempos de recesión el Estado debe aumentar el gasto, incluso incurriendo en déficit. Sin embargo, en la práctica actual —por ejemplo, en economías como Argentina o EE.UU.— el déficit no es anticíclico sino estructural, lo que contradice el mismo espíritu keynesiano, que recomendaba superávit en los ciclos de crecimiento.
Piketty y la desigualdad: En El capital en el siglo XXI, Piketty justifica un Estado activo que recaude e invierta más para corregir desigualdades. Pero en muchos casos reales (como Perú, Brasil o México), el gasto público creciente ha ido acompañado de corrupción y clientelismo político, sin lograr mejoras sostenibles en educación, salud o infraestructura.
Actualmente. Argentina (2022–2024): La deuda pública bruta superó el 80% del PBI, el déficit fiscal persistente fue financiado con emisión monetaria, generando una inflación interanual de más del 140%. El Estado mantuvo subsidios generalizados y planes asistencialistas mientras recortaba el valor real de los ingresos.
Estados Unidos (2020–2025): La deuda federal superó los 34 billones de dólares. Aunque es una economía con mayor margen de maniobra, la política de estímulo masivo durante y después de la pandemia generó inflación del 7–9% anual (la más alta en 40 años), y la deuda se volvió una preocupación estructural.
Guatemala (2023–2024): A pesar del discurso de lucha contra la corrupción, el gasto público ha seguido creciendo sin rendición clara de cuentas, y los ingresos fiscales no alcanzan a cubrir el aumento de la burocracia. La inversión privada se desacelera ante la incertidumbre regulatoria.
Un sistema económico basado en la manipulación política del dinero, el gasto desbordado y la opacidad fiscal es moralmente insostenible y económicamente destructivo. Las decisiones descritas en el texto no son errores de cálculo, sino el resultado de un diseño institucional que premia el corto plazo y penaliza la responsabilidad.
Los no austriacos ofrecen algunas herramientas útiles para ciertos contextos (por ejemplo, política anticíclica), pero cuando estas se convierten en prácticas estructurales, como ocurre hoy, convergen en los mismos efectos nocivos que la Escuela Austríaca denuncia desde hace un siglo.