Historia del análisis económico. Joseph Schumpeter como punto de convergencia del pensamiento humano. Cuando Joseph Schumpeter falleció en 1950, dejó inconclusa una obra que no era sólo una historia del pensamiento económico, sino un ambicioso intento de narrar el viaje intelectual del ser humano en su comprensión de la economía como ciencia, como fenómeno social y como expresión cultural. En History of Economic Analysis, Schumpeter nos invita a ver la economía no como una acumulación técnica de modelos, sino como una disciplina viva que brota del corazón de la historia, la filosofía, la política y la cultura. Este enfoque holístico lo posiciona no sólo como un economista, sino como un historiador de ideas, un filósofo de la economía, un psicólogo del proceso creativo y un crítico de la civilización.
De los griegos a los escolásticos: Economía como parte de la filosofía moral. Schumpeter inicia su relato en la Antigua Grecia, donde la economía aún no existía como ciencia independiente, sino como parte de la ética y la política. Autores como Platón y Aristóteles no hablaban de mercados en el sentido moderno, pero sí reflexionaban sobre la justicia distributiva, la riqueza, y la naturaleza del intercambio.
Aristóteles, en particular, distingue entre la “oikonomía” (el buen manejo del hogar) y la “crematística” (la acumulación de riqueza por sí misma). Esa distinción anticipa debates actuales sobre el capitalismo ético y la deshumanización del lucro.
Durante la Edad Media, el pensamiento económico se impregnó de teología cristiana. Los escolásticos, como Santo Tomás de Aquino, fusionaron la filosofía aristotélica con la doctrina cristiana. Aparecen así conceptos como el “precio justo” y la condena a la usura, que marcaron una visión moral de la economía como un instrumento al servicio del bien común. Aquí se ve claramente cómo la economía era aún rama de la filosofía moral y política, no una ciencia cuantitativa.
El mercantilismo y el nacimiento de la economía moderna: Estado, poder y comercio. Con la Edad Moderna llega el mercantilismo, una etapa que Schumpeter interpreta como la transición hacia una economía centrada en el Estado-nación y la acumulación de poder económico. Aquí la economía se vincula estrechamente con la política, como herramienta para fortalecer el poder del soberano.
Autores como Jean-Baptiste Colbert en Francia o Thomas Mun en Inglaterra, defendían políticas de intervención estatal para aumentar las exportaciones y la acumulación de metales preciosos.
Aunque hoy el mercantilismo suele verse con connotaciones negativas, Schumpeter invita a entenderlo en su contexto histórico: una época de formación de Estados centralizados, guerras comerciales, y colonialismo, donde la riqueza era sinónimo de poder.
La Ilustración y el nacimiento de la economía como ciencia autónoma. El siglo XVIII, especialmente con Adam Smith, marca la ruptura definitiva. Con La riqueza de las naciones (1776), nace lo que Schumpeter llama “economía clásica”. Smith rompe con la visión moralizante y propone una ciencia del comportamiento económico, basada en la libertad individual, el interés propio y el orden espontáneo del mercado.
Smith no renuncia a la ética (como demuestra en La teoría de los sentimientos morales), pero en economía busca leyes universales al estilo de la física newtoniana. Esto refleja la influencia del racionalismo ilustrado.
Después de Smith, autores como David Ricardo y John Stuart Mill profundizan en la modelización, llevando la economía hacia una mayor abstracción formal, alejándola cada vez más del enfoque filosófico-histórico de sus raíces.
El siglo XIX: Historicismo alemán vs. escuela marginalista. En el siglo XIX, Schumpeter destaca un conflicto clave: el que enfrenta al historicismo alemán (representado por autores como Gustav Schmoller) con la escuela marginalista (Jevons, Menger, Walras). Los historicistas creían que no era posible formular leyes económicas universales, sino que era necesario comprender el contexto histórico y cultural de cada fenómeno económico. Defendían una economía como ciencia moral e histórica.
En cambio, los marginalistas desarrollaron herramientas matemáticas que permitían modelar el comportamiento del consumidor y del productor. Aquí se formaliza la microeconomía moderna, con base en la utilidad marginal y el equilibrio.
Schumpeter simpatizaba con ambos bandos: apreciaba el rigor de los marginalistas, pero lamentaba la pérdida de la dimensión humana e histórica que los historicistas defendían. Aquí se vislumbra una de sus grandes preocupaciones: la economía como ciencia humana debe conservar su alma histórica y filosófica.
Siglo XX: El debate entre formalismo y realismo. Durante el siglo XX, la economía se transforma radicalmente. La econometría y la teoría general del equilibrio (Debreu, Samuelson) llevan la economía a niveles altísimos de formalización matemática. Schumpeter, aunque admiraba esta elegancia, advirtió el peligro de aislar la teoría económica de la realidad histórica, política y cultural.
En paralelo, aparecen pensadores como John Maynard Keynes, que devuelven a la economía el papel de guía de la política pública. Keynes representa, en cierto modo, una vuelta a la economía como instrumento práctico, como lo fue para los escolásticos o los mercantilistas.
Y, por otro lado, se fortalece el pensamiento austríaco (con Menger, Hayek y luego Mises), que, en oposición al formalismo y al intervencionismo, defiende una economía basada en la acción humana, el orden espontáneo, y una crítica al constructivismo económico. Hayek, por ejemplo, en La fatal arrogancia, advertirá del peligro de la ingeniería social y de los modelos que pretenden predecir la conducta humana como si se tratara de átomos.
Schumpeter y la creatividad del capitalismo: destrucción creativa y la economía como proceso vital. Uno de los legados más importantes de Schumpeter no está en la historia, sino en su propia teoría: la del empresario innovador y la destrucción creativa. Para él, el capitalismo no es un sistema estático, sino un proceso de innovación constante que revoluciona las estructuras existentes, destruyendo las antiguas para dar paso a nuevas.
Esto hace de la economía algo profundamente humano, dinámico, incierto y creativo, más cercano a la biología o la historia que a la física. Aquí, Schumpeter se conecta con Nietzsche (la voluntad de poder), con Bergson (la creatividad como fuerza vital), e incluso con Polanyi, que denunció la "ficción" de que los mercados pueden estar completamente desanclados de lo social y lo cultural.
Actualidad: ¿Qué nos dice hoy Schumpeter y su historia del análisis económico? En una época dominada por la inteligencia artificial, la big data y los modelos predictivos, la advertencia schumpeteriana resuena con fuerza: no perdamos de vista que la economía es una ciencia humana, cargada de historia, valores, cultura, incertidumbre y creatividad.
La crisis financiera de 2008, la pandemia de 2020, las tensiones geopolíticas y los debates sobre el “capitalismo del siglo XXI” muestran que los modelos no bastan. Hay que volver a pensar la economía desde una mirada integral, como propone Schumpeter.
Autores contemporáneos como Deirdre McCloskey, con su trilogía sobre la “virtud burguesa”, o Nassim Taleb, con su crítica a los modelos que ignoran la incertidumbre real, son herederos intelectuales de esta visión schumpeteriana.
La historia del análisis económico como historia de la humanidad pensante. La obra inconclusa de Schumpeter no es simplemente una cronología de ideas, sino una epopeya del espíritu humano en su intento de comprender el orden económico. Su legado nos recuerda que estudiar economía es también estudiar historia, filosofía, política, psicología y cultura. Es entender, como diría Ortega y Gasset, que el hombre no tiene naturaleza, sino historia. Y que la economía, como ciencia humana, es tan compleja, ambigua y fascinante como el ser humano mismo.