El humanismo es la raíz del árbol del liberalismo. Si el humanismo busca comprender el valor intrínseco de la persona humana, el liberalismo es su forma de acción: es su deontología, su deber ser. Y el progreso, lejos de ser una promesa vacía, es la flor visible de esa raíz y ese tronco: la manifestación del ser humano libre y reconocido.
Los griegos llamaban ἀλήθεια (alétheia): desocultar la verdad. Revelar cómo el liberalismo de John Locke, Max Weber y Ludwig von Mises puede dialogar con la ética del otro de Emmanuel Levinas y la teoría del reconocimiento de Axel Honneth, sin contradicción, sino como partes de un mismo impulso humano por convivir en libertad y dignidad.
Locke colocó la propiedad de uno mismo como fundamento de toda libertad; Weber explicó cómo la ética protestante creó las condiciones para una economía libre, racional y responsable; y Mises defendió que el mercado es un espacio de cooperación voluntaria donde cada uno, al perseguir fines propios, contribuye al bienestar de todos. Pero todo esto presupone algo más profundo: el otro como legítimo otro.
Levinas nos lo recuerda: el rostro del otro nos interpela, nos pone un límite. No somos mónadas cerradas; somos seres en relación. Honneth amplía esto al ámbito social: sin reconocimiento mutuo no hay autoestima, ni respeto, ni libertad real.
Ejemplo actual: En un mundo polarizado como el actual, donde la libertad suele confundirse con egoísmo y la justicia con imposición, es vital recuperar esta convergencia. El emprendedor que crea valor no lo hace aislado: necesita clientes, confianza, respeto. Del mismo modo, una comunidad que reconoce a sus individuos como agentes morales autónomos genera ciudadanía activa, no sumisión.
Por eso, liberalismo y ética del otro no se oponen. Se necesitan. Porque el progreso solo florece donde hay libertad con responsabilidad, y donde el rostro del otro no es una amenaza, sino un llamado.
Adjuntamos un PDF. En el cual puedes leer y disfrutar de esta lectura que te enriquecerá el conocimiento. Autor: 𝙏𝙤𝙣𝙖𝙩𝙞𝙪𝙝 𝙑𝙞𝙣𝙞𝙚𝙜𝙧𝙖 𝘿𝙖 𝙋𝙖𝙪𝙡𝙖 𝙊𝙡𝙞𝙫𝙚𝙞𝙧𝙖.