La isla olvidada.
Singapur, en los años 60, era una pequeña isla tropical sin recursos naturales, plagada de pobreza, corrupción, desempleo y conflictos étnicos. Un país con un futuro incierto, abandonado por los imperios y condenado, parecía, a convertirse en una nación más del tercer mundo.
Pero entonces llegó Lee Kuan Yew.
A diferencia de muchos líderes que ascendían al poder con discursos populistas y promesas vacías, Lee traía una mezcla de pragmatismo, dureza y una visión a largo plazo. Sabía que la libertad sin orden se convierte en caos, y que el desarrollo económico no florece en tierras de inseguridad, incertidumbre y corrupción.
La mano firme de un jardinero visionario.
Lee gobernó con una mezcla peculiar de autoritarismo ilustrado y meritocracia. Lo primero que hizo fue atacar la corrupción sin piedad: funcionarios públicos, por más altos que fueran, enfrentaban penas duras si cometían actos corruptos. “Si quieres atraer inversiones, tienes que asegurarles un terreno fértil”, decía.
Construyó un Estado eficiente, no gigante. Apostó por un modelo de economía de mercado abierto, pero con fuerte disciplina fiscal y reglas claras. Redujo impuestos, promovió la inversión extranjera, firmó tratados de libre comercio y creó un sistema de propiedad de vivienda pública donde más del 80% de los ciudadanos podían acceder a una casa. Pero no lo hizo regalando, sino facilitando el crédito responsable y creando incentivos al ahorro.
La educación fue otro pilar: no para adoctrinar, sino para formar personas útiles a la sociedad. Cada niño aprendía inglés —idioma de los negocios—, pero también su lengua materna, reconociendo la diversidad cultural sin fomentar el separatismo.
¿Y los videos de redes sociales?
En años recientes, circulan videos que muestran a Singapur como una utopía: calles limpias, cero corrupción, criminalidad casi inexistente, y un sistema de salud y educación admirables.
¿Son ciertos?
Sí… pero con matices.
Singapur es hoy uno de los países más prósperos del mundo, con un PIB per cápita más alto que el de Estados Unidos, una expectativa de vida notable y una economía de libre mercado muy competitiva. Sin embargo, este éxito no vino sin sacrificios: la libertad de prensa está restringida, el disenso político es limitado, y hay severas leyes contra lo que el gobierno considera “disruptivo”.
Por eso, no es una utopía liberal clásica. Es más bien un caso de liberalismo económico con autoritarismo político, que logró —como pocos— convertir una nación pobre en un país de primer mundo en una generación.
Desde el punto de vista económico, Singapur es un laboratorio exitoso de muchas ideas de la Escuela Austriaca y del liberalismo clásico: respeto por la propiedad privada, apertura al comercio, bajos impuestos, mínima inflación, y una fuerte ética del trabajo y del mérito.
Pero desde el punto de vista filosófico, plantea preguntas importantes:
¿Es legítimo restringir libertades individuales si el resultado es prosperidad general?
¿El bienestar material justifica la limitación del disenso político?
Lee Kuan Yew sostenía que, sin orden, las libertades se vuelven una ilusión. Citaba a Confucio más que a Locke. Para él, lo importante era que la gente tuviera seguridad, empleo y un entorno estable, aunque eso significara límites al debate político.
Sin embargo, esta visión no puede copiarse sin entender su contexto. En sociedades con instituciones débiles, querer replicar el modelo puede terminar en dictaduras corruptas, no en Singapures.
¿Qué lecciones nos deja Singapur hoy?
La corrupción es un cáncer del desarrollo. No basta con tener leyes buenas; se necesita voluntad política para aplicarlas.
La inversión extranjera llega donde hay reglas claras. El capital no es nacionalista: huye de la incertidumbre.
La educación importa, pero más aún su orientación. Formar ciudadanos competentes, no solo obedientes o ideologizados.
El liderazgo importa. Un solo hombre con visión puede cambiar el destino de millones, si sabe conjugar poder con principios.
El Estado puede ser pequeño pero fuerte. No por su tamaño, sino por su eficacia.
La historia de Singapur no es un llamado a copiar, sino a estudiar. Cada nación debe encontrar su propio camino, pero entender que el desarrollo requiere decisiones difíciles, liderazgo con visión, y una ciudadanía dispuesta a construir sobre la verdad, no sobre la comodidad.
Esta fue una entrevista realizada ya algún tiempo al amigo del Instituto Mises Guatemala. Con mucho honor y enriquecimiento intelectual.
#exitopersonal #situaciones #temor #motivation #estoico #exito #vida #filosofiamoderna
#libertad #libertarios #politica #economía #libros #lectores #escritores #cultura #innovación #EconomíaAustríaca #EmprenderConLibertad #MaxWeber #Capitalismo #EconomíaYValores #HistoriaEconómica #CulturaEmpresarial #EmprendimientoConSentido
#LiberalismoConÉtica #Humanismo.
https://redmisesamerica.blog/bibliotecaredmisesamerica/
1752142547
días
horas minutos segundos
hasta
“El jardín en la roca: la transformación de Singapur”