El Hombre entre Dios y la Máquina: Antropología Cristiana vs. Posthumanismo y Transhumanismo.

A lo largo de la historia de Occidente, la visión del ser humano ha sido moldeada principalmente por la antropología cristiana, que sostiene que el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios (imago Dei), con dignidad inherente, libertad moral y un fin trascendente. Esta perspectiva, enraizada en pensadores como San Agustín, Tomás de Aquino y prolongada en la modernidad por autores como Jacques Maritain o Joseph Ratzinger, sitúa al hombre como criatura libre, responsable y destinada a una plenitud que trasciende lo material.

En contraste, el posthumanismo y su derivación práctica, el transhumanismo, reinterpretan al ser humano desde una visión tecnocrática, materialista y evolucionista. Inspirados por pensadores como Nick Bostrom, Ray Kurzweil y Yuval Noah Harari, estos movimientos promueven la superación de las limitaciones humanas mediante la biotecnología, la inteligencia artificial, la edición genética y la integración hombre-máquina. En su visión, el sufrimiento, la muerte y la imperfección deben ser eliminados por el progreso técnico, configurando así una nueva “redención” sin Dios.

La tensión entre ambas visiones es hoy palpable. En lo político, el liberalismo conservador defiende la dignidad humana basada en un orden natural (como argumenta Roger Scruton o Patrick Deneen), mientras que las corrientes progresistas y tecnocráticas impulsan la disolución del sujeto humano tradicional en nombre de una libertad sin límites ni forma.

Ejemplos actuales sobran: desde la legalización de la eutanasia como “liberación del dolor” (sin considerar su trasfondo espiritual), hasta los experimentos de neuroingeniería en Silicon Valley, donde empresas como Neuralink de Elon Musk buscan fusionar la mente humana con sistemas digitales. Otro caso es el auge de los discursos sobre “identidades fluidas”, que desligan al ser humano de cualquier anclaje biológico, espiritual o moral.

¿Puede el hombre reinventarse sin destruirse? ¿Puede existir libertad sin una verdad que la oriente? El humanismo cristiano responde que no: que la plenitud humana no está en la manipulación de su naturaleza, sino en su aceptación y perfeccionamiento libre en el amor, en comunidad, en responsabilidad y en apertura al Misterio.

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