Cuando el gobierno interviene, distorsiona los precios, redirige el capital y malgasta recursos escasos. Las consecuencias rara vez son inmediatas—pero siempre son inevitables.
¿Inflación? No es “avaricia”—es el resultado directo de la expansión monetaria.
¿Escasez? No es “fallo del mercado”—es producto del control de precios y la planificación centralizada.
¿Ciclos de auge y caída? No es “capitalismo descontrolado”—es el estímulo artificial del crédito fácil y las tasas manipuladas.
El libre mercado no promete una utopía—pero sí ofrece retroalimentación. Y es con retroalimentación que aprendemos.
El gobierno suprime esa retroalimentación con fuerza, y luego culpa al mercado por las consecuencias.
Mises lo vio venir. Hayek también. Y nosotros deberíamos verlo ahora.
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