Mientras los gobiernos latinoamericanos insisten en que “la inflación está bajo control”, los precios en el mercado cuentan otra historia. En Argentina, los salarios no alcanzan; en México, los productos básicos se encarecen semana a semana; en Colombia, el café que se exporta es más barato que el que se consume localmente. ¿Qué tienen en común estos síntomas?
Ludwig von Mises lo advirtió con claridad: “La inflación es un instrumento de confiscación.”
La inflación no es un accidente económico. Es una herramienta deliberada de los gobiernos para financiar su gasto descontrolado, encubrir déficits y mantener a las masas dependientes. Mientras imprimen dinero sin respaldo, distorsionan la estructura de precios, erosionan los ahorros, destruyen el poder adquisitivo, y generan ciclos de pobreza que parecen no tener fin.
La Escuela Austriaca lo explica mejor que nadie:
El valor del dinero no es una variable a manipular, sino una consecuencia del libre mercado. El aumento en la cantidad de dinero sin un aumento correspondiente en la producción genera distorsiones que afectan primero a los más vulnerables. El control estatal del dinero es el arma perfecta para encubrir el fracaso político.
💡 En lugar de aceptar este robo silencioso, la solución es clara: desmonopolizar la moneda, eliminar los bancos centrales y permitir que el mercado elija su medio de intercambio.
Mises lo resumió así: “La historia del dinero es inseparable de la historia de la libertad.”
¿Queremos libertad? Entonces el dinero debe ser libre.
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