El texto aborda la acusación marxista de que la economía es simplemente una "racionalización" de los intereses capitalistas. Es decir, que los economistas, quizás de forma subconsciente, inventan teorías para justificar la codicia de sus empleadores. El autor desmantela este argumento con una idea clave:
Los motivos psicológicos de un pensador no determinan la validez de su teoría. Aun si admitiéramos que un científico está motivado por el deseo de enriquecerse, esto no nos dice nada sobre si su teoría es correcta o incorrecta. Para demostrar que una doctrina es falsa, es necesario refutarla con el razonamiento y proponer una mejor, no simplemente atacar las supuestas intenciones de su autor. A la ciencia solo le interesa si una teoría resiste el análisis lógico, sin importar los antecedentes sociales o raciales de quien la formuló.
Ejemplo actual: Pensemos en el desarrollo de vacunas por parte de grandes farmacéuticas. Un crítico podría decir: "Estas empresas solo investigan para obtener ganancias millonarias; su ciencia es una 'racionalización' de su avaricia". Según el argumento del texto, esta crítica es irrelevante para determinar la eficacia de la vacuna. Aunque el afán de lucro sea la principal motivación, la vacuna funciona o no funciona basándose en principios biológicos objetivos. Para probar que es ineficaz, se necesitan datos científicos y pruebas, no una crítica a las motivaciones de la empresa.
El Determinismo Histórico: ¿La Historia Sigue un Plan Místico?
El autor critica duramente la visión marxista de la historia, calificándola de "puramente mística". Según Marx, la historia no es moldeada por las ideas o decisiones de las personas, sino que es impulsada por una fuerza providencial (el Geist hegeliano) que sigue un plan predeterminado hacia el socialismo.
En esta visión, la tecnología es la base que determina todo lo demás. Las ideas, la cultura y la política son solo una "superestructura ideológica" obligada por el estado de la tecnología del momento. La famosa frase de Marx citada en el texto lo resume: "el molino de viento te dará la sociedad feudal; el molino de vapor, la sociedad capitalista industrial". La voluntad y la razón humana son meros instrumentos de esta ley histórica inexorable, y las personas se engañan al creer que son libres de elegir sus ideas.
Ejemplo actual: Ante el auge de la inteligencia artificial, un determinista histórico diría: "La IA conducirá inexorablemente a una sociedad con desempleo masivo y una renta básica universal. Es el siguiente paso inevitable de la historia".
La perspectiva del autor del texto sería que la tecnología solo crea nuevas condiciones y posibilidades. El futuro no está escrito; dependerá de las ideas que adoptemos sobre cómo regular la IA, cómo organizar el trabajo y qué sistemas económicos implementar. La razón humana y la elección deliberada, no una fuerza mística, determinarán el resultado final.
El Mito de la Clase Homogénea: Los Conflictos de Intereses Internos.
El texto también ataca la idea simplista de que una "clase social" tiene intereses perfectamente unificados. Marx presenta a la burguesía y al proletariado como dos bloques monolíticos en lucha. Sin embargo, el autor señala que el propio Marx reconoció que existe una fuerte competencia entre los propios trabajadores.
Además, existen evidentes conflictos de intereses dentro de las mismas clases. Por ejemplo, los intereses de los trabajadores de un país con salarios altos chocan con los de los trabajadores de países con salarios bajos en temas de migración. De igual manera, las políticas proteccionistas que benefician a los terratenientes (al subir el precio de los alimentos) perjudican a los trabajadores urbanos. La idea de que una política puede beneficiar por igual a todo el proletariado es una ficción.
Ejemplo actual: Consideremos una política de transición ecológica para abandonar los combustibles fósiles. Se podría argumentar que esto beneficia a la "clase trabajadora" en general al garantizar un planeta habitable. Sin embargo, esta política perjudica directamente los intereses de los mineros del carbón, los trabajadores de refinerías y los transportistas de combustible, quienes perderían sus empleos. Al mismo tiempo, beneficiaría a los trabajadores de la industria de las energías renovables. Esto demuestra que la "clase trabajadora" no es un grupo homogéneo, sino que está compuesta por subgrupos con intereses diversos y, a menudo, contrapuestos.
Capitulo III La economía y la rebelión contra la razón. (Acción Humana)
Ludwig Von Mises. Capitulo 87 ,100.
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La «Racionalización» y la Validez de las Ideas.