La división del trabajo y su profunda conexión con la naturaleza humana y la sociedad. Argumenta que la división del trabajo surge de una propensión natural al intercambio y al trueque inherente a la especie humana, a diferencia de los animales, que no realizan contratos ni intercambios deliberados. La fuente detalla cómo esta inclinación al intercambio impulsa a las personas a especializarse y a desarrollar talentos diversos, ya que solo a través del trueque pueden obtener los bienes y servicios que necesitan de otros. En última instancia, el texto enfatiza que la división del trabajo, motivada por el interés propio y la necesidad de intercambiar, es el origen de la riqueza y el progreso en las naciones.
La naturaleza humana se presenta en las fuentes principalmente a través de una propensión inherente al intercambio y la discusión sobre el origen de las diferencias de talentos entre individuos.
Una característica fundamental de la naturaleza humana, de la cual se derivan muchos beneficios como la división del trabajo, es la propensión a trocar, permutar y cambiar una cosa por otra. Esta propensión no busca necesariamente vastos beneficios, sino que es una inclinación inherente. Se considera uno de los principios originales de la naturaleza humana, y se sugiere que podría ser una consecuencia necesaria de las facultades de la razón y el lenguaje.
Esta propensión al intercambio existe en todos los seres humanos y, a diferencia de otras capacidades, no aparece en ninguna otra raza de animales. Los animales, cuando desean algo, no tienen otros medios para obtenerlo que no sea la benevolencia de un humano o de otro animal, o mediante atenciones serviles y obsequiosas. Nunca se ha observado que un animal realice un intercambio honesto y deliberado con otro. Los humanos, en cambio, pueden apelar al interés propio de los demás mediante el intercambio, ofreciendo lo que uno tiene para obtener lo que desea. Es a través de esta disposición a trocar, permutar e intercambiar que conseguimos mutuamente la mayor parte de los bienes que necesitamos, no por benevolencia.
En cuanto a las diferencias de talentos, las fuentes indican que la diferencia de talentos naturales entre las personas es, en realidad, mucho menor de lo que comúnmente se cree. Las diversas habilidades que distinguen a los hombres de diferentes profesiones una vez que alcanzan la madurez, a menudo, no son la causa sino el efecto de la división del trabajo. Las disparidades notables entre un filósofo y un cargador, por ejemplo, parecen surgir no tanto de la naturaleza como del hábito, la costumbre y la educación. Antes de la costumbre y la educación, las diferencias de talentos entre los seres humanos son mucho menos apreciables que las que se observan, por ejemplo, en grupos de animales de la misma especie.
A diferencia de los animales, donde las diferencias de talentos pueden no ser mutuamente beneficiosas, entre los seres humanos, hasta los talentos más dispares son mutuamente útiles. Esto se debe a la disposición general a trocar, permutar e intercambiar, lo que permite que los distintos productos de sus habilidades confluyan en un fondo común, del cual cada persona puede adquirir lo que necesite del producto del talento de otras personas.