El texto explora las características fundamentales de la economía de mercado, definiéndola como un sistema social basado en la propiedad privada de los medios de producción y la división del trabajo. Se enfatiza que, en este sistema, las acciones individuales impulsadas por el interés propio simultáneamente satisfacen las necesidades de otros, y el mercado actúa como la fuerza coordinadora sin coerción estatal. El autor resalta que el mercado es un proceso dinámico resultante de las interacciones humanas y los juicios de valor, reflejados en la estructura de precios. Además, el fragmento establece una distinción clara entre la economía de mercadoy el socialismo, argumentando que no existe un sistema mixto viable y que la capacidad de cálculo monetario es indispensable para la existencia y el funcionamiento del capitalismo.
La economía de mercado es un sistema social fundamentalmente basado en la división del trabajo y en la propiedad privada de los medios de producción. Dentro de este orden, cada individuo actúa siguiendo su propio interés, y al hacerlo, satisface las necesidades de los demás, mientras que los demás, a su vez, también lo sirven a él. En este sistema, el hombre es simultáneamente un fin para sí mismo y un medio al cooperar para que otros alcancen sus fines.
El mercado es la fuerza que gobierna el sistema. Impulsa las actividades de las personas hacia los cauces que mejor permiten satisfacer las necesidades ajenas. Una característica clave es que en su funcionamiento no hay compulsión ni coerción. El estado, concebido como el aparato social de fuerza y coacción, no interfiere en el funcionamiento del mercado ni en las actividades que este encauza. Su rol se limita a prevenir actuaciones que puedan perjudicar o perturbar el mercado, protegiendo la vida, la salud y la propiedad de los particulares contra agresiones por violencia o fraude. De esta forma, el estado crea y mantiene un ambiente social propicio para el desenvolvimiento pacífico de la economía de mercado.
El sistema de mercado ha sido descrito, incluso por el eslogan marxista, como la «anarquía de la producción capitalista». Esta descripción es acertada porque se trata de un sistema que ningún dictador gobierna y donde no existe un jerarca económico que asigne tareas o fuerce su cumplimiento. En cambio, todo el mundo es libre, nadie está sometido a un déspota, y la gente se integra voluntariamente en este sistema de cooperación. El mercado es la única institución que ordena el sistema en su conjunto, guiando a las personas hacia su propio bienestar y el de los demás, dándole razón y sentido.
Es crucial entender que el mercado no es un lugar, una cosa o una asociación. Más bien, es un proceso que se pone en marcha por las diversas actuaciones de múltiples individuos que cooperan bajo la división del trabajo. Los juicios de valor y las acciones de estas personas son las fuerzas que determinan la disposición continuamente cambiante del mercado. Esta situación se refleja en la estructura de los precios, es decir, en el conjunto de tipos de cambio generados por la interacción de compradores y vendedores. El proceso mercantil es el resultado de actuaciones humanas precisas, y cada fenómeno de mercado puede ser rastreado a actos electivos de quienes participan en él.
El proceso del mercado fomenta la cooperación mutua entre los miembros de la sociedad. Los precios juegan un papel fundamental al ilustrar a los productores sobre qué, cómo y cuánto debe producirse. El mercado es el punto donde convergen y se originan las actuaciones de la gente.
Es importante diferenciar claramente la economía de mercado de otros sistemas, como el socialismo, el comunismo, la economía planificada o el capitalismo de estado. Estos últimos se caracterizan por la propiedad de los medios de producción en manos de la sociedad o el estado. La economía de mercado, también conocida como capitalismo puro, y la economía socialista son términos antitéticos, y no es posible ni concebible una mezcla de ambos sistemas. No existe una economía mixta, que sea en parte capitalista y en parte socialista. La producción es dirigida o bien por el mercado o bien por los mandatos de un órgano dictatorial. La existencia de entes públicos que administran o poseen algunos medios de producción en una sociedad basada en la propiedad privada no configura un sistema intermedio entre socialismo y capitalismo.
Finalmente, el cálculo monetario es la base intelectual de la economía de mercado. La posibilidad de calcular mediante los precios monetarios predeterminó su aparición y aún condiciona su funcionamiento. La economía de mercado existe, única y exclusivamente, porque puede recurrir al cálculo económico, sin el cual los objetivos de la acción bajo cualquier régimen de división del trabajo serían inalcanzables.