El texto argumenta que el mercado es una institución social impulsada únicamente por las acciones deliberadas de los individuos, desmintiendo la idea de fuerzas anónimas o automáticas. Critica el intervencionismo económico, ejemplificado por la Sozialpolitik y el New Deal, que surge de la contradicción de exigir protección como productor frente a los consumidores, mientras se exige protección como consumidor frente a los productores. La fuente destaca el error de que el objetivo de la producción es simplemente abastecer al consumidor, señalando que las personas son inherentemente consumidores y productores a la vez. El autor censura las políticas que favorecen al productor ineficiente, como el proteccionismo, argumentando que inevitablemente perjudican al consumidor y a la comunidad en general al limitar la productividad. Finalmente, se sostiene que la motivación principal de la política contemporánea es el bienestar material de los grupos de presión, a pesar de los discursos que pretenden priorizar valores "no económicos".