Analiza críticamente la doctrina ricardiana de la renta y su tratamiento histórico de los factores de producción, contrastándola con la teoría económica moderna basada en la utilidad marginal y el valor subjetivo. Señala que, aunque la teoría ricardiana fue un esfuerzo noble en su momento, es inferior a los enfoques actuales que no otorgan una posición peculiar a la tierra, sino que la ven como un factor de producción más, cuyo precio se determina por las mismas leyes que rigen los demás. Un punto clave es que las rentas diferenciales no se limitan a la tierra, sino que surgen en cualquier ámbito donde la productividad varíe, abogando por valorar todos los factores de producción, incluyendo la tierra, bajo un mismo criterio uniforme. Finalmente, el autor aborda la dimensión temporal del uso de la tierra, destacando que la acción humana debe optar entre la satisfacción inmediata y la preservación de la capacidad productiva futura, un dilema exacerbado por factores institucionales como la falta de propiedad privada.