Imagina un mercado de café en Guatemala, donde cafetaleros locales como los de Antigua venden sus granos a compradores de todo el mundo. No hay un jefe central dictando precios; en cambio, cada precio surge del trueque voluntario entre personas con valoraciones distintas. Un cafetalero valora su cosecha en $5 por kilo porque le costó esfuerzo y tiempo plantarla, pero un barista en Nueva York la valora en $10 porque sabe que atraerá clientes premium. El precio final, digamos $7, no refleja un "costo objetivo" como horas de trabajo (idea marxista del "valor-trabajo"), ni un cálculo burocrático. Es puramente subjetivo: lo que cada uno está dispuesto a dar o aceptar en ese momento.
Desde la escuela austriaca, Ludwig von Mises y Friedrich Hayek lo explican como un proceso de descubrimiento. En Human Action (1949), Mises argumenta que los precios son señales descentralizadas que coordinan millones de decisiones sin plan central. Hayek, en The Use of Knowledge in Society (1945), añade que ningún planificador conoce las valoraciones subjetivas dispersas (como preferir café orgánico por salud o por moda). Ejemplo real: durante la escasez de café en 2010 por sequías en Brasil, precios subieron de $1.20 a $3 por libra, incentivando a productores guatemaltecos a plantar más y a consumidores a cambiar a té, restaurando el equilibrio sin intervención estatal.
Otros economistas no austriacos coinciden parcialmente. Carl Menger, padre del marginalismo (no estrictamente austriaco inicial), en Principios de Economía (1871), mostró que el valor es marginal y subjetivo: el último sorbo de café vale menos que el primero cuando tienes sed. Incluso neoclásicos como Alfred Marshall en Principios de Economía (1890) usan oferta-demanda para precios, aunque enfatizan curvas objetivas más que subjetividad pura. Críticos keynesianos como John Maynard Keynes ven precios manipulados por monopolios o gobiernos, pero datos reales (como la inflación post-COVID en 2021-2022, donde precios de alimentos subieron 10-20% globalmente por disrupciones subjetivas de pánico comprador) validan la visión austriaca: mercados libres ajustan mejor.
Precios no son edictos ni fórmulas fijas; son el "lenguaje" vivo del mercado, alineando oferta (recursos escasos) con demanda (deseos humanos) de forma eficiente y pacífica.