Ver cómo Trump le retiró el respaldo a María Corina Machado de forma tan abrupta no fue solo sorprendente; fue estratégicamente imprudente.
El poco apalancamiento que quedaba dependía de la coherencia en el reconocimiento. Machado no era un símbolo decorativo; era el último anclaje civil viable para negar legitimidad al régimen sin escalar a lo militar. Al desautorizarla, esa opción desapareció de inmediato.
Peor aún, al tratar a Delcy Rodríguez como una interlocutora válida, Trump terminó legitimando al mismo régimen que dice combatir. No se puede deslegitimar a un gobierno mientras se valida a su vocera como autoridad. Esa contradicción destruye la credibilidad y neutraliza cualquier presión real.
Esto empieza a parecer otro “Mission Accomplished”: declarar control donde no lo hay, confundir retórica con estrategia y asumir que presión equivale a resolución.
Venezuela nunca fue una campaña corta. Y socavar tu propio marco de reconocimiento solo garantiza un estancamiento más largo, más desordenado y con menos opciones no militares disponibles.
Hashtags