Del valor subjetivo a la inflación: la vigencia de Carl Menger hoy.

En pleno 2026 seguimos hablando de Carl Menger porque su forma de explicar cómo decidimos, qué valor damos a las cosas y cómo esas decisiones individuales se agregan, sigue siendo útil para entender inflación, crisis y cambios tecnológicos actuales.

Quién fue Carl Menger.
Carl Menger fue un economista austriaco (1840–1921) considerado el fundador de la Escuela Austriaca de Economía y uno de los líderes de la “revolución marginalista” junto con Jevons y Walras.

En 1871 publicó Principios de economía (Grundsätze der Volkswirtschaftslehre), obra que marca el origen de la Escuela Austriaca y el cambio de la teoría del valor basada en el trabajo hacia la teoría del valor basada en la utilidad marginal.

Valor subjetivo.
Antes de Menger, muchos economistas pensaban que el valor de un bien dependía sobre todo del costo de producción o de la cantidad de trabajo invertida.

Menger defendió que el valor es subjetivo: un bien vale en la medida en que ayuda a satisfacer necesidades y deseos concretos de personas concretas, y esa valoración puede cambiar según la situación de cada individuo.

El agua en una ciudad con abundancia puede parecer “sin valor”, pero en un desierto puede ser lo más valioso.

Un teléfono inteligente caro puede ser “indispensable” para alguien que trabaja en línea, pero “prescindible” para alguien que solo lo usa para llamadas básicas.
No es el objeto en sí el que “trae” el valor, sino cómo cada persona lo ve dentro de sus propios planes de vida.

Margen y decisiones cotidianas.
La revolución marginalista consistió en mirar la decisión en el margen: no “el agua” en general, sino un vaso más de agua; no “dinero” en abstracto, sino el siguiente quetzal que gastas o ahorras.

Menger muestra que la gente decide comparando beneficios y costos del siguiente paso que va a dar, no de todo lo que tiene o podría hacer.

Un ejemplo simple con tu día a día en Guatemala:
Tienes 50 quetzales libres.
Piensas en recargar el teléfono, comprar comida rápida, ahorrar un poco, pagar parte de una deuda.
La decisión que tomas depende de qué necesidad sientes más urgente y qué opción te da más satisfacción ahora o en el futuro. Eso es “margen”: decidir qué hacer con la próxima unidad de dinero, tiempo o esfuerzo.

Metodología: Individuo al centro.
La Escuela Austriaca pone al individuo y sus decisiones en el centro del análisis: la economía se entiende como el resultado de muchas personas actuando con información limitada, expectativas, miedos, proyectos y creatividad.

En lugar de partir de grandes agregados (PIB, inflación, etc.), parte de las acciones concretas: comprar, vender, ahorrar, invertir, innovar, negociar, todo hecho por personas que tienen fines propios.

Desde esta mirada:
Un mercado no es una “máquina” abstracta, sino millones de personas intentando coordinar sus planes.
Un precio no es solo un número: es un mensaje sobre cuán escaso o valioso es algo para quienes participan en ese mercado.

Precios como señales.

Para Menger, los precios nacen de cómo los individuos valoran los bienes y de cómo esos bienes están disponibles (escasez, abundancia).
Si mucha gente valora algo mucho y es escaso, el precio tiende a subir; si pocos lo valoran y hay abundancia, el precio tiende a bajar.

Cuando sube fuerte el precio del combustible en Guatemala o en otros países, no es solo “por la gasolina”: es porque hay cambios en oferta (producción, importaciones) y en demanda (uso del transporte, consumo de energía) que reflejan millones de decisiones.

Los precios altos obligan a la gente a cambiar hábitos (menos viajes, buscar transporte público, compartir automóvil), y esos cambios se vuelven parte de la dinámica económica.

De la micro a la macro.
Algo importante de la lectura mengeriana es que lo “macro” (inflación, crecimiento, crisis) se construye desde lo “micro” (las decisiones de personas y empresas específicas).

La inflación que hoy vemos en países de América Latina y del mundo es el resultado de: políticas monetarias, cambios en producción, shocks externos, pero también de cómo reaccionan consumidores, trabajadores, empresarios, ahorradores e inversionistas a esos cambios.

Si la gente anticipa que los precios seguirán subiendo, compra más hoy “para adelantarse”, lo que puede alimentar más subidas.
Si los empresarios esperan costos más altos, ajustan precios antes, renegocian salarios y cambian proveedores, lo que también empuja la inflación.

Menger nos ayuda a ver que no es solo “culpa del gobierno” o “culpa de las empresas”, sino de un proceso en el que todos reaccionan, y esas reacciones se agregan.

Menger y el mundo digital.
Aunque Menger escribió en el siglo XIX, su idea de valor subjetivo se aplica muy bien a la economía digital de 2026: plataformas, redes sociales, criptomonedas, datos personales.

Cuando alguien dedica horas a TikTok, Instagram o videojuegos gratuitos, está mostrando que valora esas actividades, aunque no esté pagando dinero directamente; el valor está en la experiencia, en la atención y en la información que entrega.

Algunos ejemplos actuales:
Servicios “gratuitos” como Gmail o redes sociales en realidad se financian porque los usuarios valoran usarlos y las empresas valorizan esos datos para publicidad.

Las criptomonedas suben y bajan de precio según la confianza y expectativas de quienes las usan o especulan con ellas, no según un “valor intrínseco” fijo.

La teoría del valor subjetivo ayuda a entender por qué cosas “inmateriales” (apps, likes, seguidores) pueden tener tanto impacto económico hoy.

Menger, inflación y decisiones en 2026.
En 2026, muchos países todavía enfrentan presiones inflacionarias por la combinación de políticas expansivas de años anteriores, shocks de oferta y cambios geopolíticos.

En Guatemala y la región, los precios de alimentos, combustibles y servicios han tenido episodios de aumento que afectan el poder de compra de los hogares.

Cada hogar reacciona: cambia dónde compra, sustituye productos, cocina más en casa, reduce gastos “de lujo”, busca ingresos adicionales.

Cada empresa decide: subir precios, reducir cantidades, modificar calidad, buscar mercados nuevos, invertir en tecnologías que bajen costos.
Esas millones de decisiones se reflejan en datos agregados: inflación, desempleo, crecimiento, tipo de cambio.

Así, la teoría no se queda en “lo micro” aislado, sino que ofrece un puente para comprender cómo se forman los fenómenos que ves todos los días en las noticias y en el supermercado.

En un mundo con inflación elevada en países desarrollados y aún más intensa en países en desarrollo, entender cómo deciden los individuos a nivel micro se vuelve clave para entender los grandes problemas macro.

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