La verdad incómoda sobre el valor: Menger lo explicó antes que todos.

La idea central de Menger es que el valor no nace del costo ni del trabajo invertido, sino de la importancia que una persona le da a un bien para satisfacer una necesidad. Esa visión ayuda a entender por qué algo muy costoso de producir puede valer poco, y por qué algo sencillo de copiar o incluso intangible puede valer muchísimo.

Qué critica Menger.

Antes de Menger, era común explicar el valor por el trabajo incorporado o por el costo de producción. Menger rompe con eso y dice que el valor no está “dentro” de la cosa, sino en la relación entre el bien y la necesidad de quien lo quiere.

Un objeto no vale porque “cueste mucho hacerlo”, sino porque alguien cree que le sirve para algo importante. Si un bien no satisface una necesidad real, su precio puede ser bajo aunque haya requerido mucho esfuerzo producirlo.

Hoy esta teoría se ve clarísima en los activos digitales, las marcas, el software, los datos y el conocimiento. Muchos de esos bienes no tienen casi costo físico, pero pueden valer enormes sumas porque resuelven problemas, atraen usuarios o generan ingresos futuros.

Por ejemplo, una plataforma digital puede valer más que una fábrica entera, no por el metal o el cemento, sino porque millones de personas la usan y la valoran. Eso encaja muy bien con Menger: el valor surge de la utilidad percibida y de la escasez relativa, no del esfuerzo material visible.

Trabajo y salario.
También ayuda a entender por qué algunos trabajos esenciales están mal pagados. El mercado no remunera automáticamente el esfuerzo, sino la valoración que otros hacen del resultado, la abundancia o escasez de quienes pueden hacerlo y la capacidad de pagar por ese servicio.

Eso no significa que sea “justo” en un sentido moral, sino que el precio responde a valoraciones subjetivas y a condiciones de mercado. Por eso un trabajo muy duro puede recibir poco pago si hay muchos sustitutos, mientras que una habilidad rara puede pagarse muy bien aunque parezca menos “esforzada”.

Ejemplo .
Pensemos en un creador de contenido o en una marca famosa. Puede que detrás haya poco trabajo físico comparado con una obra industrial, pero si logra captar atención, confianza o deseo, el mercado le asigna un valor alto. Esa diferencia muestra exactamente la tesis de Menger: el valor depende de lo que la gente cree que el bien le aporta.

Por qué importa.
La teoría de Menger sigue siendo útil porque nos obliga a mirar el valor desde la mente del consumidor, no solo desde la contabilidad del productor. En la economía actual, donde gran parte del valor está en información, reputación, software y redes, esa idea explica mucho mejor la realidad que una visión basada solo en “horas de trabajo”.

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