
Pip: Bienvenidos a RMA – MAN, donde hoy nos adentramos en un libro que lleva más de siglo y medio diciéndole al Estado exactamente lo que piensa de él.
Mara: Roberto Jesús Rodríguez Vera nos trae un recorrido por La libertad de Mijaíl Bakunin: la tensión entre sociedad y Estado, la emancipación obrera, la alianza entre campo y ciudad, y la pregunta de si el poder revolucionario puede corromperse a sí mismo.
Pip: Empecemos por el principio — y el principio, según Bakunin, es que la libertad no te la regala nadie.
La libertad según Bakunin: sociedad, Estado y emancipación
Mara: El libro arranca desde una distinción que lo sostiene todo: la sociedad surge de manera natural a través de la convivencia y la cooperación, mientras que el Estado es otra cosa. Bakunin lo formula así: «el Estado representa una estructura artificial de autoridad que impone obediencia mediante leyes, burocracias y mecanismos de coerción.»
Pip: O sea, la sociedad es el hábitat; el Estado es la jaula que alguien construyó dentro del hábitat y luego declaró indispensable.
Mara: Exacto, y de ahí se desprende la tesis central del primer capítulo: la libertad individual depende de la libertad de los demás. No es independencia aislada, es un producto social. La solidaridad no es el enemigo de la libertad; es su fundamento.
Pip: El segundo capítulo lleva esto a un territorio incómodo para cualquier tecnócrata: Bakunin critica la idea de gobernar mediante una élite de sabios. Su argumento es que incluso personas honestas se degradan cuando acumulan poder sin control colectivo.
Mara: Y esa advertencia no se queda en la teoría. El capítulo sobre el balance crítico de la Internacional aplica exactamente la misma lógica al movimiento obrero: vanidad, ambición personal, instinto de mando. Bakunin propone rotación de responsabilidades, crítica permanente y vigilancia colectiva como únicos antídotos.
Pip: La Comuna de París aparece como el contraejemplo positivo: trabajadores que se organizaron sin esperar que nadie les concediera permiso.
Mara: Sí, y el capítulo sobre Proudhon y Marx sitúa esa experiencia en el debate más amplio del socialismo del siglo XIX. Bakunin ve en la Comuna una demostración de que las masas pueden administrar sus propios asuntos, frente a los proyectos que buscan transformar la sociedad a través del Estado.
Pip: Lo que lo lleva al argumento quizás más directo del libro.
Mara: El capítulo quinto lo formula sin rodeos: ninguna élite política, intelectual o económica puede liberar al pueblo. La emancipación debe ser obra de los propios trabajadores. Y añade algo importante: las personas aprenden a ser libres ejerciendo la libertad, no estudiándola.
Pip: Eso conecta con el capítulo sobre el campesinado, que amplía el sujeto revolucionario más allá de los obreros urbanos.
Mara: Bakunin es muy directo: una insurrección únicamente urbana terminaría aislada. El campo no es un obstáculo; los campesinos comparten intereses reales con los trabajadores industriales. El desprecio hacia el mundo rural divide al pueblo y fortalece al Estado.
Mara: Los capítulos sobre la burguesía desarrollan el otro lado de esa ecuación. La burguesía desempeñó un papel revolucionario contra el feudalismo, pero una vez consolidado su poder se convirtió en fuerza conservadora. Cuando los trabajadores exigen igualdad efectiva, muchos defensores del liberalismo recurren a la represión.
Pip: Y el capítulo final sobre la situación internacional cierra con una advertencia que no ha envejecido mal: la miseria por sí sola no produce revoluciones. Las masas necesitan conciencia de sus derechos y confianza en su propia fuerza. Sin eso, hasta las peores condiciones materiales generan resignación, no rebelión.
Mara: La organización internacional de trabajadores, con disciplina voluntaria y acuerdos libres, es la respuesta práctica que Bakunin propone frente a Estados cada vez más coordinados y poderosos.
Pip: Un libro que, en esencia, desconfía de todo el mundo con poder — incluidos los que dicen estar de tu lado.
Mara: La pregunta que deja el libro es vigente: cómo construir organización sin reproducir dominación.
Pip: Bakunin no tenía respuesta definitiva, pero sí una brújula: si alguien dice que te libera desde arriba, corre.
Mara: En el próximo episodio seguimos explorando estas tensiones desde otros ángulos.
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La libertad de Mijaíl Bakunin.